Sin voz...


No oye,
quien no quiere escuchar.
No ve,
quien no quiere mirar,
el llanto silencioso,
mi corazón marchitar.
Todo pasa con el tiempo,
todo,
cicatriza,
pero deja huella,
una herida superflua,
la vida en su interior
con rastro de tristeza.
Muero de amor,
fallezco de impotencia,
sin pensarlo estoy cautiva,
lo que en su día fue alegría
se ha trocado en aflicción.
Simulada impasible,
mi cometido es existir,
mil motivos me planteo
como hacerlo sin ti.
Mas me duele indeferencia,
digna forma de sentir,
aunque dentro,
en mi conciencia,
yo no pueda verlo así.
De balde consejos he dado,
los necesito para mi,
por haberme enamorado,
no podía esquivarlo,
me quedo con los momentos
que aun haciendo daño al recordarlos,
he pasado tan feliz.
Volvería a equivocarme,
sin dudarlo,
el arrepentimiento no existe
en mi vocabulario.
Sólo lo hice una vez
y todavía no puedo olvidarlo.
Para que vivir así,
si el amor es mi premisa,
sin razón y con desdicha,
esperando,
algún día,
que lo mutuo sea cierto,
aguardando ese afecto,
el mismo que siento por ti.


(c)Marta Trinidad

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